Durante varios años, Alejandro Pérez tuvo que acostumbrarse a dos cosas: vivir con una enfermedad que crecía en su rostro y soportar las miradas de quienes no entendían qué le ocurría.
En la calle, algunos asumían que mascaba coca. Hubo ocasiones en las que llegó a centros de salud buscando atención por su malestar y le pedían que “bote su bolo”. Pero no era coca. Era un tumor. Llevaba 14 años malformándose en uno de los huesos de su cara.
A sus 41 años, este agricultor, padre de cuatro hijos y exminero de Porco, finalmente encontró una solución en el Hospital de Tercer Nivel Montero. Fue sometido a una compleja cirugía para extirpar el tumor de aproximadamente 15 por 15 centímetros y reconstruir la zona del rostro afectada por su crecimiento.

La operación significa, además, un precedente. Es la primera cirugía realizada en Montero y el norte cruceño con planificación virtual e impresión de modelos en 3D.
De Potosí a San Julián; de la mina al campo
La historia de Alejandro comenzó en Potosí, donde nació en la provincia Linares. A los siete años llegó a Santa Cruz y se instaló en San Julián.
Más adelante regresó a la Villa Imperial para trabajar como minero en Porco. Allí conoció a Zenaida Rodríguez Puma, también potosina, con quien formó una familia de cuatro hijos.

En 2016 regresaron a Santa Cruz. Desde entonces, Alejandro se dedicó a la agricultura y a criar ganado en Las Brechas 47, comunidad 10 de Noviembre, en el municipio de El Puente.
Mientras trabajaba la tierra, el tumor avanzaba.
Comenzó hace aproximadamente 14 años como una pequeña alteración en el rostro. Durante mucho tiempo no le provocó dolor, pero en los últimos dos años su crecimiento se aceleró hasta afectar actividades tan básicas como comer.
“De comer… y molesta”, contó Alejandro al recordar cómo la enfermedad empezó a limitar su vida cotidiana. Fue entonces cuando comenzó el recorrido por distintos servicios de salud hasta que, mediante la Red de Salud de la provincia Ñuflo de Chávez, recibió la referencia para acudir al hospital de Montero.
En el hospital encontraron una respuesta
Cuando llegó a Montero, el equipo médico encontró un caso complejo. El diagnóstico fue un osteofibroma, un tumor óseo benigno, pero altamente agresivo que había alcanzado grandes dimensiones en un hueso de la cara (maxilar superior).
El cirujano maxilofacial Jorge Tórrez explicó que no se trata de una enfermedad provocada por el consumo de alguna sustancia y que la lesión no requería quimioterapia ni radioterapia después de su resección. El desafío era quirúrgico. Retirar el tumor, reconstruir la zona y hacerlo reduciendo al máximo los riesgos ligados a una intervención de esta complejidad.
Ahí entró en escena la tecnología. El rostro de Alejandro se reconstruyó primero en una computadora. Antes de entrar al quirófano, el equipo médico trabajó sobre una tomografía para realizar una planificación virtual en 3D. La anatomía del paciente fue reconstruida digitalmente y, a continuación, se utilizaron biomodelos, guías de corte y planificación virtual para anticipar la intervención.
Es decir, los médicos no improvisaron la cirugía. Una parte de la operación ocurrió antes de que Alejandro llegara al quirófano. Primero se diseñó y simuló el procedimiento en una computadora para llevarlo después al paciente. Dicho de una manera sencilla: los médicos pudieron ‘ensayar’ la cirugía antes de hacerla en Alejandro.
“Nos da una serie de ventajas. Una cirugía más corta y más predecible para el paciente”, explicó Tórrez. Una intervención de estas características, sin este nivel de planificación, puede extenderse por más de seis horas. En el caso de Alejandro, la cirugía duró aproximadamente tres horas y media.
Ingresó a quirófano a las 10:10; la operación comenzó a las 10:45, terminó a las 15:10 y salió del quirófano a las 15:31.
Cuatro especialidades, una sola cirugía
Aparte de retirar la enorme masa ósea, los especialistas tuvieron que retirar la parte del hueso dañado por el tumor y reconstruir la zona afectada del rostro, utilizando un injerto de hueso tomado de la cadera del propio paciente.
Fue una cirugía multidisciplinaria, en la que participaron Cirugía Maxilofacial, Oncología, Cardiología y Traumatología.
Junto a Tórrez estuvieron el cirujano oncólogo Leonardo Jiménez, el cardiólogo Álvaro Rodríguez y el traumatólogo y médico residente Luis Ardaya.
También formaron parte del equipo la anestesióloga Elizeth García, la enfermera Julieta Huallpa y la instrumentista Doris Vedia.
“Se destaca la asistencia que tuvo el paciente con los cuatro especialistas juntos”, subrayó Tórrez al momento de resaltar que todos los profesionales que participaron son del hospital de tercer nivel de Montero.
Alta médica y una nueva vida por delante
Tres días después de la operación, Alejandro recibió el alta. Días más tarde volvió al hospital para su control y los médicos confirmaron que evolucionaba favorablemente. “Mucho mejor, gracias a Dios. Llegamos bien… los doctores son excelentes”, dijo el paciente.
Medicina con tecnología de punta a través del SUS
En un centro privado, una intervención con este nivel de tecnología puede superar los 10.000 dólares, según los datos proporcionados por Tórrez. En Montero, la atención médica fue cubierta por el Sistema Único de Salud (SUS). La familia solamente tuvo que asumir algunos costos externos de los materiales específicos, como las placas fabricadas en centros especializados.
Para el director del hospital, David Llanos, el procedimiento demuestra el nivel de especialización que está alcanzando el hospital y la capacidad de sus profesionales para asumir casos complejos.
La gerente Jaqueline Rojas destacó que detrás de la tecnología siempre debe estar el paciente. “Esto no se trata de hacer una cirugía diferente. Se trata de que una persona pueda acceder a una atención digna, recuperar su salud y volver a su vida”, señaló.
El coordinador de la Red de Salud de la provincia Obispo Santisteban, Juan Saavedra, confirmó que se trata de la primera intervención de este tipo con planificación 3D realizada en Montero y el norte cruceño. La planificación virtual se realizó aproximadamente durante dos semanas antes de la intervención y permitió que el equipo llegara al quirófano con una hoja de ruta mucho más precisa.
Catorce años después
Alejandro llegó al hospital con un rostro que durante años había sido motivo de miradas y comentarios. Recuperó esa parte de su rostro que un tumor le había arrebatado durante 14 años. Ese tumor ya fue retirado. La zona afectada fue reconstruida.
“Yo me siento más feliz que ya está curado”, dijo Zenaida, su esposa y compañera de vida, después de tantos años difíciles, pero ahora mira el futuro con alivio. Alejandro, por su lado, puede mirarse al espejo sin tener que dar explicaciones y volver a sus cultivos para seguir labrando su vida junto a su familia. / EL DEBER

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