El sector campesino de Tarija se encuentra en un virtual estado de emergencia debido a las graves consecuencias que han dejado los incendios forestales en la región. A pesar de que las autoridades realizaron inspecciones y verificaciones técnicas en las zonas afectadas, la ayuda humanitaria y la asistencia urgente para los productores y sus animales aún no se materializan, generando una profunda preocupación en las comunidades rurales.
De acuerdo con las declaraciones de Rosendo yucra, subcentral de Lazareto, las familias damnificadas urgen de apoyo logístico inmediato, especialmente enfocado en la provisión de alimentación y atención médica para el ganado. El fuego no solo arrasó con los pastizales, sino que ha cobrado la vida de más de 20 cabezas de ganado, una cifra que podría elevarse drásticamente conforme avancen las labores de búsqueda en las zonas de difícil acceso en los cerros, donde varios animales continúan desaparecidos, despeñados o agonizando a causa de graves quemaduras y cuadros severos de desnutrición.
«Han ido a hacer la verificación, que van a sacar lo más antes posible, que van a llevar el apoyo, pero hasta ahora no llega. Cada día que pasa es crítico; si nosotros pasamos días sin comer nos enfermamos y morimos, con los animales pasa exactamente lo mismo», advirtió yucra, reflejando la desesperación de los productores ante la falta de una respuesta gubernamental oportuna.
Crisis hídrica y amenaza a la salud pública
A la tragedia pecuaria se suma una crisis ambiental y sanitaria de grandes proporciones vinculada al suministro hídrico. Las comunidades de la zona reportan que el agua disponible se encuentra seriamente contaminada con ceniza y restos de carbón producto de la devastación del fuego. Aunque en algunas áreas específicas, como Talla Chica, las autoridades locales han prometido reponer la infraestructura de cañerías dañadas por las llamas, la calidad del recurso hídrico preocupa a todo el Valle Central de Tarija.
El impacto ambiental trasciende las zonas pobladas: los incendios han consumido cerca de 5.000 hectáreas de vital importancia ecológica ubicadas en las alturas de la cordillera de Sama. Esta superficie comprende humedales estratégicos y representa el nexo fundamental donde nace la cuenca del Tolomosa, un pulmón hídrico esencial para el valle tarijeño. Los pobladores advierten que la destrucción de esta cobertura vegetal no solo reducirá el caudal del agua, sino que el consumo de agua contaminada podría desencadenar problemas de salud pública a mediano plazo, afectando de manera directa la subsistencia de los productores y de toda la población que depende de esta cuenca.

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