En la ciudad de Tarija, el incremento de las ferias francas y el comercio ambulante refleja una dura realidad socioeconómica: el desempleo constante y la falta de liquidez en las familias. En la feria del barrio Villa Abaroa, decenas de comerciantes se instalan cada semana para vender prendas de vestir y diversos artículos con el objetivo de generar ingresos mínimos para su subsistencia.
Entre los vendedores se encuentran incluso profesionales universitarios que, ante la imposibilidad de insertarse en el mercado laboral formal de su área, han optado por el comercio libre. «La falta de empleo y de ingresos nos obliga a salir a vender. No encontramos fuentes de trabajo que correspondan a nuestras carreras, así que salimos a las ferias para llevar un pequeño ingreso a nuestros hogares», relató una comerciante del sector.
A pesar de ofrecer mercadería a precios sumamente accesibles con prendas desde los 30 y 50 bolivianos, en comparación con los 100 o 150 de tiendas establecidas, los comerciantes reportan una alarmante caída en las ventas. La fluctuación del dólar, el encarecimiento de la canasta básica y la proliferación de ferias barriales han disminuido el poder adquisitivo de los compradores.
Ante este panorama crítico, las vendedoras solicitaron formalmente a las autoridades locales la conformación de una mesa de trabajo conjunta para abordar la problemática de fondo, regular la actividad y buscar alternativas de empleo sostenible ante una economía que hoy solo les permite «vender para el día».

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