La escasez de combustible y el encarecimiento de los insumos operativos han llevado al transporte pesado a una situación de asfixia económica extrema en Bolivia. Juan Carlos Borda, dirigente de este sector en Tarija, advirtió que la actividad ha alcanzado niveles críticos e insostenibles, dejando al gremio al borde del colapso total.
Tras haber superado una prolongada medida de presión de 53 días de bloqueo, las empresas de transporte no han encontrado alivio. Por el contrario, se enfrentan a una nueva «tormenta» marcada por infinitas filas en las estaciones de servicio para conseguir carburante. Según el dirigente, apenas un 25% a 30% de las unidades de transporte pesado se encuentran actualmente operando, lo que significa que cerca del 70% de la flota está completamente paralizada.
A la falta de diésel y la paulatina escasez de gasolina, se suma la devaluación del dólar, factor que ha disparado los precios de los repuestos sin que exista un control gubernamental efectivo. Las constantes subidas de costos imprevistas de un día para otro han incrementado los gastos operativos a niveles insoportables.
Ante esta crisis, agravada por la inoperancia que acusan a instituciones como la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el sector analiza la necesidad inminente de un reajuste en las tarifas de fletes y pasajes. Los transportistas señalan que, de perderse la subvención o subir el combustible a precios internacionales, la transferencia de costos al consumidor final será inevitable en todos los rubros, afectando la canasta básica y el costo de vida general.

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