«Economía familiar en riesgo: Alternativas prácticas y mezclas vegetales para nutrir a los hijos sin gastar de más»

En el marco del Día Mundial de la Alimentación, cuyo lema central para este periodo es «Innovar para nutrirnos mejor y también en el mañana», especialistas en salud enfatizan la necesidad de adaptar los hábitos alimentarios familiares ante los desafíos económicos actuales. Lejos de implicar mayores gastos, la innovación culinaria y la creatividad en el hogar se posicionan como las herramientas más eficaces para garantizar una nutrición adecuada, especialmente en el crecimiento infantil.

Durante una entrevista con la Red Departamental Plus Tlt, la doctora Elva Quisbert, profesional en nutrición del Servicio Departamental de Salud (SEDES), destacó que una de las estrategias fundamentales para proteger la economía familiar es priorizar el consumo de alimentos de temporada. Estos productos, al estar en su época de cosecha local, se comercializan a un costo significativamente menor, optimizando la canasta familiar.

Ante el incremento en el precio de la carne, la especialista recomendó potenciar el uso de mezclas vegetales. Esta técnica consiste en combinar leguminosas (como maní, garbanzo, lenteja, poroto, habas secas y arvejas secas) con cereales (como arroz, fideo o maíz). La unión de ambos grupos alimenticios genera una proteína de alto valor biológico que favorece el desarrollo y crecimiento de los niños sin necesidad de incorporar carne de manera obligatoria. Como ejemplo tradicional y accesible, se destacó la sopa de maní, donde la combinación del fruto seco con los fideos o el arroz cumple con este objetivo proteico. Asimismo, se sugirió retostar previamente las verduras locales para intensificar el sabor natural de las preparaciones.

Otra alternativa clave planteada es el impulso a la pequeña producción a escala local y familiar, aprovechando las condiciones climáticas favorables de la región. Se resaltó la implementación exitosa de huertos, incluso en zonas altas mediante estructuras bajo tierra, así como la siembra en macetas urbanas de hortalizas como tomates y pimentones, garantizando alimentos frescos, libres de químicos y económicos. Finalmente, se instó a revalorizar los productos ancestrales y el consumo de la producción local, consolidando la educación nutricional como un pilar para el bienestar comunitario.


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