Durante el mes de julio, España ha estado permanentemente envuelta en llamas. Tras grandes incendios forestales como los de la comarca de las Cinco Villas, en Zaragoza, o el de La Mierla (Guadalajara), este trágico testigo se ha desplazado a Ávila, Madrid, Toledo y Castellón.
El fuego en Burgohondo (Ávila) y el de la sierra Oeste (Madrid) continúan en emergencia de interés nacional, lo que implica que el mando del operativo ha recaído sobre el Ministerio del Interior. Allí han ardido ya más de 75.000 hectáreas —50.000 en Ávila, convirtiéndose en el peor incendio forestal de la historia de España en cuanto a superficie afectada, y más de 25.000 en la Comunidad de Madrid—, dejando un territorio completamente devastado por el humo, los escombros y la ceniza. En La Vall d’Uixó (Castellón), son más de 9.300 las hectáreas arrasadas.
Sin estar todavía controlados ninguno de estos incendios, los efectivos continúan trabajando sin descanso, más aún teniendo en cuenta que la cuarta ola de calor del verano (que comenzó este miércoles) recrudece las condiciones meteorológicas y puede también hacerlo con respecto a la evolución de las llamas.
Terreno quemado por el incendio forestal a las afueras de Casavieja. (Alejandro Martínez Vélez/Europa Press)
Estos grandes incendios forestales que han puesto al límite a los recursos de extinción de España son el ejemplo de una tendencia que lleva gestándose en nuestro país desde hace un tiempo: la voracidad de las llamas ha aumentado y debemos aprender a gestionar esta emergencia, pues cada vez estará más presente en nuestros montes.
“Hemos entrado en la era de los incendios que no se pueden apagar”, explica en declaraciones a Science Media Centre España Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería forestal y Cambio global de la Universidad de Lleida, así como investigador de Agrotecnio. “Son incendios que queman con la intensidad de varias bombas atómicas y, por tanto, su extinción es muy compleja”.
Así ha sido en el caso de Ávila, Madrid y Castellón, donde las llamas llegaron a estar fuera de la capacidad de extinción. “En esos momentos, el objetivo no siempre puede ser apagar inmediatamente todo el frente, sino proteger los núcleos habitados, organizar evacuaciones o confinamientos, reducir la exposición al humo y aprovechar cualquier oportunidad segura para contener el avance del fuego”, añade Cristina Santín Nuño, científica titular del CSIC y jefa del Departamento de Biodiversidad y Cambio Global del Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (Universidad de Oviedo-CSIC).
La ermita de Santa Bárbara se alza imponente, con el humo de un incendio elevándose en Onda. (REUTERS/Pedro Nunes)
Incendios agresivos cada vez más frecuentes y peligrosos
Tal y como señala la experta para SMC España, en estos casos, ni un amplísimo dispositivo desplegado será suficiente. “Es importante que la sociedad comprenda que los recursos de extinción tienen límites”. La magnitud, intensidad, peligrosidad y simultaneidad de estos fuegos supera cualquier operativo.
El motivo por el que los montes arden con tal virulencia debemos encontrarlo en una multitud de factores, como indica Jesús S. Notario del Pino, profesor Titular del departamento de Biología Animal, Edafología y Geología de la Universidad de La Laguna: la alta carga de combustible vegetal, las condiciones meteorológicas muy desfavorables, el relieve abrupto y/o accidentado y la cercanía a viviendas, poblaciones o urbanizaciones, “lo que obliga a distraer una cantidad variable de recursos, aunque sea temporalmente”.
Santín Nuño ha indicado que “por desgracia, tenemos que asumir que estos episodios pueden ser cada vez más frecuentes y peligrosos”. Por este motivo, hay que apostar por la prevención con el objetivo de “reducir la probabilidad de que se produzcan grandes incendios y limitar su gravedad”; sin embargo, “no podremos evitarlos todos”.Un caballo pasta en una propiedad quemada en el pueblo de El Tiemblo, mientras los incendios continúan afectando las provincias de Ávila y Madrid, España, 28 de julio de 2026. (REUTERS/Violeta Santos Moura)
De la cultura de la prevención a la gestión del monte
En un contexto actual marcado por el aumento de la virulencia de los incendios forestales, estamos obligados a pensar en cómo reducir el problema. “Es muy difícil estar completamente preparados para emergencias de esta magnitud, pero existen ámbitos en los que se ha avanzado y muchos otros en los que todavía debemos mejorar”, explica Santín Nuño.
Aunque las labores por parte de las administraciones son esenciales, la sociedad tiene un papel importantísimo y activo en este sentido. “Debe conocer el riesgo, informarse, preparar medidas básicas de autoprotección y, sobre todo, seguir siempre las instrucciones de los servicios de emergencia”.
Un aspecto principal que debe tenerse en cuenta es la gestión del monte, como están denunciando científicos, trabajadores del mundo rural y alcaldes de los municipios afectados por los incendios. “Como suelen repetir muchos especialistas e ingenieros de montes: lo que no gestionemos nosotros, lo gestionará el fuego”, explica para SMC España Notario del Pino.
¿Sabes cómo reaccionar si te sorprende un incendio? Te damos consejos cruciales sobre cómo moverte si estás al aire libre, qué hacer si recibes una orden de confinamiento o evacuación y por qué la inhalación de humo es el mayor peligro.
“El problema es que la masa de combustible ha crecido mucho a lo largo de las últimas décadas, como consecuencia, sobre todo, del abandono del medio rural”. Esto no es una cuestión que pueda atajarse de un momento para otro, ni siquiera de un verano para el siguiente. “No creo que existan soluciones milagrosas (como tampoco económicas) para un problema de esta magnitud”.
Sin embargo, aunque sus resultados no puedan verse hasta el medio o largo plazo, es importante comenzar a trabajar para conseguirlos. De lo contrario, el monstruoso fuego seguirá dejando ceniza y humo en los montes, cercando pueblos y desplazando a cientos de vecinos que deberán abandonar sus casas con la incertidumbre de cómo se las encontrarán a la vuelta./Infobae

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