A pesar que el abastecimiento regular de gasolina sigue sin normalizarse, la prohibición de venta en bidones y la implementación de un sistema informático para detectar cargas repetitivas han frenado la especulación.
La crisis del abastecimiento de combustible continúa marcando la agenda cotidiana en la región. A pesar del compromiso asumido por las autoridades gubernamentales e Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) para regularizar y elevar los volúmenes de entrega durante esta semana, la situación en las estaciones de servicio aún dista de alcanzar la estabilidad deseada por los conductores.
Moisés Hidalgo, presidente de ASOSUR, indicó a Plus Tlt que el incremento en los cupos asignados todavía no se ha materializado en la práctica. Habitualmente se despachaban entre 160.000 y 168.000 litros diarios de gasolina, mientras que voceros de la estatal petrolera han afirmado que el volumen se habría elevado a unos 200.000 litros diarios. Sin embargo, en los surtidores se mantiene la asignación previa, la cual sigue resultando insuficiente para cubrir la alta demanda de la población.
Medidas drásticas contra el mercado negro
Ante este escenario tenso, dos medidas operativas clave aplicadas recientemente han comenzado a generar un impacto directo y positivo en el ordenamiento del servicio:
- Prohibición del cargado en bidones: Se estima que hasta un 90% del combustible comercializado en recipientes sueltos terminaba destinado a la reventa ilegal y a la especulación. La restricción absoluta de esta práctica redujo sustancialmente la presencia de acopiadores, permitiendo que las filas de vehículos particulares avancen con mayor fluidez y reduciendo los tiempos de espera.
- Control por el sistema B-SISA (Repetitividad): La activación del sistema informático de control ha permitido identificar irregularidades graves, tales como vehículos con placas clonadas e irregularidades en los patrones de carga, donde un mismo motorizado reabastecía de dos a tres veces en una misma jornada.
Debido a que para los trabajadores de las estaciones resulta imposible memorizar las placas o reconocer a todos los usuarios entre diferentes turnos, la automatización del B-SISA actúa ahora como un filtro decisivo que bloquea de forma inmediata a los infractores. Con estos ajustes de fiscalización se busca garantizar una distribución más equitativa y transparente del combustible disponible.

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