Desde las primeras horas de la mañana, largas filas de garrafas de Gas Licuado de Petróleo (GLP) se apoderan de las aceras en barrios donde el suministro domiciliario aún resulta insuficiente o inexistente. La constante escasez de este elemento básico para la cocina diaria ha obligado a decenas de familias a modificar radicalmente sus rutinas urbanas y sus horarios de descanso.
Vecinos de diferentes zonas reportan que deben estar de pie desde las 5:00 de la mañana para asegurar un lugar en la fila y garantizar al menos una garrafa para abastecer a sus hogares. Para muchas familias, la espera se prolonga durante varias horas bajo el frío matutino, arrastrando los pesados recipientes metálicos sobre la tierra y la acera mientras aguardan la llegada del camión repartidor.
«Tenemos que estar desde temprano, a las 6 de la mañana, haciendo fila por este combustible que es tan importante para nosotros,» relató con preocupación uno de los vecinos afectados durante la cobertura periodística en el lugar.
La escena se repite diariamente en distintos puntos periféricos: hombres, mujeres y adultos mayores formando interminables hileras junto al camión distrubuidor, descargando los tanques vacíos e intercambiándolos apresuradamente por los llenos. La incertidumbre de no saber si el volumen transportado por el camión alcanzará para la cantidad de personas congregadas genera momentos de altísima tensión en la fila.
Esta situación no solo perjudica la economía familiar, sino que interrumpe la jornada laboral y escolar de los habitantes. La población exige un control más riguroso en la distribución del GLP a las autoridades correspondientes y a la empresa reguladora, solicitando un incremento en la frecuencia de los recorridos de los camiones repartidores para evitar que conseguir un servicio básico continúe siendo un sacrificio diario.

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