La Paz, 216 años del grito libertario


Hace 216 años, la tarde del domingo 16 de julio de 1809, mientras se desarrollaba la procesión de la Virgen del Carmen, un grupo de revolucionarios se levantó contra la Corona española. Liderados por Pedro Domingo Murillo, tomaron el cuartel de Veteranos y se apoderaron de sus armas.
Hecha esta operación, sacaron el retrato del rey de España, Fernando VII, a la puerta del Cabildo. Casi al mismo tiempo, se agolpó parte del pueblo a las casas de los emisarios españoles tomando todas las armas y municiones.
Arrestaron a los oficiales y convocaron al pueblo a la plaza por medio de campanas. Allí pidieron un cabildo abierto. Solicitaron separar de sus cargos el obispo de La Paz Remigio de la Santa y Ortega y el gobernador intendente interino Tadeo Dávila. Éste intentó sofocar la revuelta y se dirigió hacia el cuartel, donde lo arrestaron.
El cabildo aceptó realizar esa noche un cabildo abierto. Admitiendo e incorporando como representantes del pueblo a Gregorio García Lanza, Juan Bautista Sagárnaga y Juan Basilio Catacora.
Así, a Pedro Domingo Murillo lo nombraron jefe militar y Pedro Antonio de Indaburo como segundo. Posteriormente organizan la Junta Tuitiva.
Ahí, a una sola voz, el pueblo demandó que el gobernador intendente renuncie al mando. Además, que los ministros de la Real Hacienda entreguen al cabildo una de las llaves de las arcas reales. Además que el administrador de Correos Francisco Pazos deje el empleo.
DIMISIÓN
Tras la renuncia del gobernador y del obispo, la deposición de los alcaldes ordinarios y de los subdelegados partidarios, todas las deudas en favor del fisco se abolieron y los documentos que las avalaban quemados.
El cabildo tomó el nombre de Junta Gobernadora, conformándose en una junta de gobierno consultiva de 12 miembros, denominada Junta Tuitiva.
La Proclama de la Junta Tuitiva se leyó el 27 de julio de 1809 en La Paz. Con ella se marcó un hito en la lucha por la independencia de América Latina.
Este documento, considerado la primera declaración de independencia en la región, lo redactó un grupo de patriotas liderados por Pedro Domingo Murillo y establece un nuevo gobierno basado en principios constitucionales.
PROCLAMA
“Compatriotas: Hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia por más de tres siglos sometida nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que, degradándonos de la especie humana, nos ha mirado como a esclavos; hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio de humillación y ruina. Ya es tiempo, pues, de sacudir yugo tan funesto a nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional español. Ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de la libertad en estas desgraciadas colonias, adquiridas sin el menor título y conservadas con la mayor injusticia y tiranía. Valerosos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución; aprovechaos de las circunstancias en que estamos; no miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista la unión que debe reinar en todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente” señala el documento.
El manuscrito original, escrito en Chuquisaca (La Plata), se lo envió a La Paz para promover la revolución.
REPRESIÓN
Posteriormente, la represión española no tardó en llegar, y el sacrificio de los líderes del levantamiento se convirtió en el doloroso precio de la libertad.
Pedro Domingo Murillo, junto a otros valientes como Juan Basilio Catacora Heredia, Buenaventura Bueno, Apolinar Jaén, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Juan Antonio Figueroa, Gregorio García de Lanza y el subteniente Juan Antonio Sagárnaga, fueron apresados y condenados a muerte.
La Plaza Murillo, hoy centro político de la nación, fue testigo de la ejecución de estos héroes.
La cabeza de Murillo, cortada como advertencia, fue colgada públicamente y, según la historia tradicional, luego escondida en la Basílica Menor de San Francisco antes de ser restituida a su urna casi dos siglos después.
Este acto, lejos de sofocar la rebelión, la alimentó, convirtiendo a los protomártires en símbolos eternos de la lucha por la independencia de los españoles./La Razon
