Impostor Milk: la leche boliviana, que no es leche, gana terreno en el país


Una tarde cualquiera, unos meses antes de la pandemia, Nicolás Lema recorría un supermercado en Santa Cruz en busca de leche vegetal. Se detuvo frente a la góndola y vio algo que le pareció absurdo: una caja de leche de almendra – importada – de un litro costaba Bs 40. El precio era llamativo, pero lo que realmente le hizo ruido fue la contradicción. Bolivia es el mayor exportador de almendra amazónica del mundo —conocida como castaña— y, sin embargo, no produce su propia leche vegetal. Esa observación, aparentemente simple, fue el punto de partida.
El tarijeño Nicolás de 32 años, estudio economía y finanzas, siempre tuvo el deseo de emprender algo propio. Al iniciar la entrevista nos aclara que no es día de producción, ya que cuentan con altos estándares de salubridad, con la factoría vacía se nos permite ingresar.
La pandemia llegó poco después de esa pregunta inicial, en medio del confinamiento, el tiempo libre se convirtió en espacio para investigar. ¿Por qué exportar materia prima y luego importar el valor agregado? ¿Y si se pudiera hacer algo diferente? Así nació una idea con propósito: ofrecer una bebida vegetal boliviana, saludable y accesible.
El primer paso fue una reunión en un café. Allí, un amigo de la universidad le presentó a dos de quienes luego se convertirían en sus socios. Captaron la visión de inmediato y se sumaron al proyecto. Con el tiempo, el equipo fue creciendo. Montar una planta con tecnología UHT —necesaria para conservar bebidas por más tiempo— no era tarea sencilla: requería inversión, planificación y mucha paciencia.
En abril de 2021 fundaron la empresa. Comenzaron los meses más intensos: diseño, montaje, adecuación técnica, formulación de productos y finalmente, producción. El lanzamiento llegó a fines de 2022, con la primera leche vegetal hecha en Bolivia. Iniciaron con dos productos disponibles solo en Santa Cruz: una leche natural a base de almendra y avena y una versión sabor chocolate.
El nombre de la marca, Impostor Milk, nació con un toque de humor e intención: “somos impostores”, dice Nicolás, “pero no queremos cambiar los hábitos de consumo de la gente, sino ofrecerles una alternativa igual de rica y más saludable”. El concepto detrás del nombre refleja ese espíritu: una leche que no es leche, pero que permite disfrutar del mismo sabor, textura y experiencia —ya sea en un jugo, un café o una taza de desayuno— sin las incomodidades de la lactosa y con mayor valor nutricional.
Actualmente, son cinco los socios del proyecto: Cristian Domínguez, Tomás Kempff, Javier Argandoña, la empresa de distribución Minoil S.A. y Nicolás Lema.
Hoy, Impostor Milk cuenta con una cartera de cinco productos en tres formatos distintos —presentaciones de 946 ml, 800 ml y 140 ml— y presencia en 200 puntos de venta distribuidos en ocho departamentos del país. Fabrican entre 15.000 y 20.000 litros de leche vegetal mensualmente y los sabores que ofrecen son: natural, chocolate, vainilla, frutilla y barista —pensada especialmente para cafés, con mejor emulsión y espuma—.
El emprendimiento también ha crecido en su capacidad humana: comenzaron con siete trabajadores y hoy generan 13 empleos directos, apostando por talento local y capacitación constante. Para Nicolás es difícil contabilizar los empleos indirectos (estima más de 1.000), ya que incluyen recolectores de castaña, procesadores, distribuidores, vendedores y repartidores.
El camino no ha estado libre de obstáculos. Las restricciones por covid retrasaron la instalación de maquinaria; una falla en el homogenizador detuvo la producción durante tres meses a fines de 2023; y este año, los frecuentes bloqueos de caminos dificultaron la distribución en el país.
Pero el momento más álgido llegó con los incendios forestales de 2024, que arrasaron con vastas zonas de la Amazonía boliviana (Pando y Beni) y provocaron la pérdida de la mayor producción de castañas en años. Para sobreponerse, el equipo tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para abastecerse de almendra y así asegurar su producción anual.
A pesar de todo, el equipo se mantiene firme. La mayor inversión que realizaron este año, fue en el relanzamiento de la línea saborizada, que es la primera del país sin azúcar añadida. Un reto difícil, el conservar el sabor y la duración del producto sin la ayuda del ingrediente.
El objetivo sigue intacto: ofrecer productos que mejoren la salud sin alterar los hábitos ni la identidad de quienes los consumen.
Impostor Milk opera con altos estándares de calidad en su planta de producción y apuesta por una línea de bebidas vegetales que aporta valor nutricional real a la alimentación diaria. Nicolás agradece a quienes confiaron en el proyecto desde sus inicios, hace una mención especial para Jorge Lora, Jorge Casal y Fernando Rivera, ya que sin sus aportes iniciales este proyecto no hubiera sido posible y sobre todo, a sus clientes, quienes —con cada compra— respaldan una visión distinta del consumo.
A quienes sueñan con emprender, Nicolás les deja un mensaje: “No se rindan. Enfóquense en lo que pueden controlar, nada se da de la noche a la mañana. Todo requiere constancia, compromiso y mucha paciencia”.
Y así, de una pregunta en el pasillo de un supermercado, nació Impostor Milk. Cada bolsa que llega a los hogares bolivianos lleva más que una bebida vegetal: lleva la certeza de que aquí también se puede crear, transformar y nutrir el futuro con propósito. / EL DEBER
