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Esa Bolivia persistente

No es inusual, aunque evidentemente se acentúa en periodos de crisis, escuchar que Bolivia es un país “inventado”, “inviable” o proclive a ser un Estado “fallido”. Son conceptos íntimamente relacionados con la falta de autoestima que, por diversos motivos, hemos desarrollado a lo largo de nuestra historia republicana. Salen de esa corriente histórica de pensamiento que Arguedas expresó, en su momento culminante, con su Pueblo enfermo y fueron alimentadas por esta otra, tan bien expresada en la obra La dramática insurgencia de Bolivia, del mediocre Charles Arnade (pésimo historiador, buen publicista), en la que se sostenía que el país es una suerte de producto emergente de la acción de un grupo de oportunistas y traidores: “los doctorcitos de Charcas”.

El viñedo y el impuesto

La aprobación en la cámara de diputados del “Proyecto de Ley – 528/2024-2025”, que pretende imponer nuevos gravámenes a la industria vitivinícola, solo puede explicarse como uno más de los diversos despropósitos y tonterías que han caracterizado este proceso preelectoral caracterizado por la incertidumbre, donde en algunos casos se pretende “hacer cosas” a último momento, probablemente para disimular la mediocridad generalizada de los últimos años.El mencionado proyecto de Ley, llega al extremo de la incoherencia y desnuda la ignorancia de los hacedores y ejecutores de leyes, sobre una lógica productiva mínimamente sostenible, ignorancia que por cierto tiene mucho que ver con la espiral de pobreza y destrucción ambiental en la que estamos envueltos desde hace tiempo.La industria vitivinícola boliviana se ha desarrollado en los treinta últimos años “a pulmón”, ganando el mercado boliviano y abriendo diversos boquetes en algunos extranjeros, y lo ha hecho sufriendo la competencia descarnada del contrabando argentino, durante la mayor parte de ese lapso. Es decir,…